

Los que apostaron por crear un porvenir
La educación es uno de los pilares del desarrollo y eso no es algo nuevo: ya lo sabían los inmigrantes suizos, alemanes e italianos que fundaron Nueva Helvecia, quienes, con miras de ser más capaces y fuertes, hace más de 100 años apostaron por el saber.
La lechería ha sido desde siempre una de las producciones predominantes en el departamento de Colonia, y en Colonia Suiza se ha transformado a lo largo de la historia en una de las bases de la economía. Pero el trabajo no siempre estuvo tecnificado. Por allá por 1926, ante la necesidad de capacitar a los hijos de los productores para que siguieran en el campo y adquirieran más herramientas para seguir con el trabajo familiar, en el pueblo se comenzó a discutir la necesidad de fundar una institución educativa.
La discusión se dio en el seno de la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Suiza, que, con 11 años, ya era una referencia para los productores rurales de la zona. Tamberos, ganaderos y agricultores, eran varios los perfiles de quienes se habían reunido en aquel entonces para formar la sociedad de fomento, un grupo que en principio buscaba vender, entre sus fundadores, granos e insumos.
Se hizo realidad
Fueron muchos los encuentros que se dieron aquel año antes del 5 de noviembre, el día en el que finalmente se logró que se sancionara una ley para crear la Escuela Industrial de Lechería, una institución única en su tipo en el país en aquel entonces y también ahora. Los integrantes de la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Suiza, convencidos de que en la solidaridad está la base de la mejora, juntaron fondos junto con miembros de la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Valdense y escrituraron un padrón de 14 hectáreas para instalar el centro educativo. Con aportes económicos del gobierno central, finalmente la escuela se hizo realidad.
Guillermo Greising, Federico Gilomén, Juan Werner Berger, Teodoro Greising, Juan Mischler, Juan Cedros y Juan F. Viñas, los fundadores de la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Suiza, fueron personas con una mente progresista, «de trabajar el uno por el otro y de cuidarse», aseguró Jorge Robaina, quien fuera por varios años presidente de la sociedad. Fue en esa cultura de cuidado mutuo, quizás por haber compartido la experiencia de migrar, que pensaron en el desarrollo de los demás y apostaron por él.
Aquella iniciativa fue el granito de arena inicial para la obra, que finalmente, cuatro años después, en invierno, se hizo realidad. La felicidad fue compartida entre el campo y el poblado: el 4 de mayo de 1930 se inauguró la tan deseada escuela de lechería, que con el paso del tiempo sería fundamental para los profesionales del futuro. Bajo la dirección del ingeniero agrónomo Miguel A. Money, las clases empezaron el 22 de diciembre de aquel año.
Cíclico, como la solidaridad. Así fue este proceso: lo que se da vuelve. Y el apoyo volvió. Los hijos de los productores asistieron a la escuela, el conocimiento se esparció y eso hizo crecer la producción. La quesería se profesionalizó, se le agregó valor a la leche y muchas familias encontraron en esa producción el sustento de su futuro.
Mente de pioneros
El apoyo de la Sociedad de Fomento al progreso no quedó allí, pues la educación siempre estuvo entre los principios básicos de aquel grupo de inmigrantes que pasaron de generación en generación los valores del cooperativismo que caracterizan hasta este tiempo a la organización.
A unos siete kilómetros de Nueva Helvecia, en Colonia Valdense, se fundó el primer liceo del interior del país, el Daniel Armand Ugon, que por aquel tiempo recibía a estudiantes de varias localidades. Los jóvenes de Colonia Suiza viajaban para asistir a clase, porque en su poblado no había educación secundaria.
En julio de 1947, durante una reunión de la comisión directiva de la sociedad de fomento, esa situación se puso sobre la mesa. Ya estaba en el pueblo la idea de formar un liceo, pero faltaban fondos. Los chiquilines necesitaban poder estudiar en el pueblo y ellos no iban a dejarlos solos. «Había cosas para hacer y desde la Fomento se impulsaba; tenían mente de pioneros, de emprendedores», destacó Robaina al recordar cómo entre los directivos de aquella época salieron a recorrer la zona para reunirse con referentes de la educación y apoyar esa causa.
Los productores se juntaron, hicieron una asamblea extraordinaria y lo decidieron: iban a ayudar. Entre todos reunieron 250 pesos, que en aquel entonces fueron de gran ayuda y permitieron que en abril de 1948 se inaugurara oficialmente el liceo de Nueva Helvecia.
Durante el acto de fundación del liceo, el profesor de Arte Francisco Siniscalchi dejó claro en su discurso la importancia de aquel apoyo: «Reeditando el esfuerzo de sus fundadores, hombres de temple de acero, férrea voluntad y espíritu inquebrantable, sus hijos, en un gesto digno de quienes les deparan un porvenir de paz y libertad, crean para honra de las nuevas generaciones un liceo de enseñanza secundaria, centro cultural donde se formarán en un medio capacitado los futuros aportes que afianzarán el progreso de esta privilegiada región. Y es así, como por iniciativa de la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Suiza, acogida fervorosamente por un caracterizado núcleo de vecinos que conducidos por indescriptible entusiasmo dieron en brevísimo espacio de tiempo forma real al ideal concebido, luchando sin detenerse ante el escepticismo y la incredulidad, admisibles al espíritu de la rutina, oponiendo a los escollos una fe basada en la ambición lógica, en el sueño perfecto y meditado: crear un porvenir cimentado en la educación, la cultura y la moral»,1 dijo ante productores, vecinos, jóvenes estudiantes y autoridades.
Los años pasaron y el apoyo a la educación perduró. Las necesidades de la población campera y del poblado se atendían por igual; para «la Fomento», como se la conoce, el espíritu de solidaridad no sabe de porteras y así lo ha demostrado. En 1998 los productores se volvieron a reunir alrededor del liceo ante una necesidad de los jóvenes estudiantes y apoyaron la implementación de un sistema de transporte para los liceales del medio rural.
La escuela, el liceo y el ómnibus para los jóvenes camperos, todos esos proyectos se trabajaron en conjunto con miembros de los gobiernos central y departamental. Alzar la voz para pedir ayuda siempre fue una opción. En la sociedad de fomento los productores encontraron representación en la zona y en las Cooperativas Agrarias Federadas (CAF), un amplificador de su voz para todo el país. El grupo se integró a CAF de forma voluntaria y hasta el día de hoy elige formar parte porque sabe que las redes del sistema cooperativo son muy beneficiosas. Acercarse al Parlamento, hablar cara a cara con el presidente de la República y contar con un fuerte respaldo y con conocimientos son algunas de las cosas que valoran. «CAF tiene un sistema democrático consultivo, procesos muy bien planificados, mantiene muy bien la gobernanza y está bien posicionada, y eso mantiene un ambiente sano. Levanta bandera fuerte y por eso elegimos estar, porque consideramos que no podemos crecer como empresa si no es como una institución que apoye el desarrollo de la zona. Tenemos que crecer juntos», aseguró Juber Gonzalvez, gerente general de la Sociedad de Fomento.
Eliana Bentancur, una joven tambera de San José, conoce la Fomento de toda la vida. Su padre fue directivo muchos años y ella desde niña visitaba lo que llamaba «la popento». Se crió entre asambleas y reuniones cooperativas y mamó de chica el gusto por la producción. Después de estudiar en la Escuela Agraria de Rosario, Eliana viajó a Nueva Helvecia para estudiar en la escuela de lechería, no solo conocedora de la cooperativa, sino también beneficiaria de una iniciativa que nació muchos años antes que ella. Recuerda la experiencia como muy enriquecedora. Si bien al principio le costó un poco la modalidad de internado, ingresó en la escuela luego de que esta había pasado por remodelaciones y cambios tecnológicos y disfrutó mucho aprender. Hoy Eliana no solo recuerda a la Fomento, sino que también es parte del grupo de jóvenes de la cooperativa, con quienes aprende día a día a la par. «Vi todo el crecimiento de la Fomento. Y la llevo en el corazoncito, la cooperativa es como una gran familia», remarcó.
A más de 108 años de que aquellos primeros productores se reunieran para vender granos juntos, la idea de crecer en conjunto se mantiene. Los valores han traspasado generaciones y directorios y los han hecho avanzar. Con la mirada puesta en el futuro, la educación sigue en el foco y la idea de ayudar está más vigente que nunca, por eso ahora los productores apoyan un proyecto para que la Universidad de la República se instale en Colonia, descentralizando así las posibilidades de profesionalizarse y pensando siempre en crear un porvenir mejor.
Los valores cooperativos han traspasado generaciones en la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Suiza y, con la mirada puesta en el futuro, el apoyo a la educación sigue en el foco.
1. Segmento extraído del libro Con los sueños en la tierra, escrito por Valeria Willebald y editado por los 100 años de la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Suiza.
