Las crisis son parte del desarrollo y, como tal, parte de la historia de muchas cooperativas. Y ante las crisis el apoyo familiar es fundamental, y la cooperativa es familia, y la familia es cooperativa.

En 1936 nació la Cooperativa Nacional de Productores de Leche (Conaprole) con el objetivo de abastecer de leche a la ciudad de Montevideo. Por aquel entonces era común ver tambos en lo que hoy es el asfalto y el bullicio de la capital. Enrique Malcuori recuerda que sus primeras memorias sobre la producción son de los inicios de los años cincuenta, en su casa de la calle Lepanto, muy cerca de la calle Rivera, frente a donde había una lechería que tenía el ganado en un galpón.
Aquel grupo de productores se juntó con un fin, además del comercial, muy noble: alimentar. Logró la concesión del monopolio de la venta de leche por 50 años, tiempo en el que pasaron muchas cosas en el país y en la cooperativa, como un período de intervención por parte del Estado y más tarde, en 1968, nuevamente la toma del control de la cooperativa por parte de los productores. Aquellos fueron tiempos difíciles, pero, con un nuevo directorio y una mirada optimista, la lechería comenzó a tomar impulso para crecer, y por la década del 70 los tamberos comenzaron a pensar en expandirse y llegar incluso a vender al exterior.

Con una plantilla de unos 5.000 productores en aquella época, don Antonio Mallarino tomó la presidencia de Conaprole, con el objetivo de expandir la producción lechera, trabajar para bajar los costos y optimizar la producción y la leche y, además, mejorar los precios en busca de mayor competitividad, el premio final para tamberos y también para consumidores. Malcuori recuerda hasta hoy cuando entró en la empresa: trabajaba en la Escuela de Lechería de Nueva Helvecia y logró ingresar a Conaprole en el año 76 mediante un llamado a ingenieros agrónomos. Se instaló en San José, donde trabajó y formó su familia y también vínculos con los productores. Fueron 35 los años que perteneció a la cooperativa, pero aún hoy se siente parte de ella, y lo es.

En 1985, cerca del final de aquellos 50 años de concesión del monopolio que la cooperativa había logrado, se dieron los primeros indicios de lo que sería una de las mayores crisis de su historia. Hubo agresiones comerciales por parte de otras empresas de la industria. La competencia empezó a ser fuerte, otras empresas comenzaron a ofrecerles a los productores precios preferenciales y condiciones especiales de crédito; «se generó una guerra muy dura», cuenta Malcuori. Pero eso no fue todo: en enero del año 99, Brasil, por aquel entonces el principal mercado de exportación para Conaprole, devalúa el real y entra en crisis. La cooperativa tenía una distribuidora en aquel país, en la que cobraba en reales, y aquello fue un sacudón financiero. Y ese no sería el último golpe: el ataque fuerte lo daría poco después el grupo inversor Exxel, con la idea clara de que la cooperativa se vendiera.
Dicen por ahí que hasta lo malo nos deja aprendizajes, y en este caso así fue; muchos productores comenzaron a entender cuánto valía la cooperativa. Las reuniones fueron muchas, las discusiones también. «Las juntas zonales eran durísimas», relata Malcuori; había quienes estaban convencidos de vender, y otros que confiaban (y a ciencia cierta) en que lo mejor era defender aquello que habían formado en equipo y sostener el aparato cooperativo. Hasta el día de hoy, defender la democracia en la cooperativa es muy importante; así lo destaca Stefanía Silveira, actual vicepresidenta de CAF e integrante de Conaprole junto con su familia desde que tiene memoria. Tener el poder de votar y de siempre ser escuchado es un gran valor. «Todas las cooperativas agrarias han tenido una crisis que las marcó fuerte, y la prioridad en esas situaciones es siempre tener en claro que se representa a los productores, dar respuestas y transmitir que todos se sientan parte», aseguró.

La venta o no de la cooperativa fue un hito en la historia no solo de aquel grupo de productores, sino también de la lechería nacional. Malcuori había trabajado en el norte de Europa con varias cooperativas y conocía su sistema de capitalización. Tras varias conversaciones, el directorio hizo un cambio sustancial, y por los años dos mil se creó el Fondo de Productividad, una especie de «acción» de la empresa que comprometía a los productores. Aquello hizo que la visión política de Conaprole cambiara, la crisis se saldara y el escenario mejorara, así como que, lo más importante, aquella cooperativa del 36 siguiera en las manos de las familias tamberas uruguayas. Eso siempre estuvo detrás y siempre fue fundamental, la familia.
Una de varios hermanos, todos criados en el campo alrededor del tambo familiar y todos conocedores de «la agenda de la vaca», Stefanía lo resalta: la cooperativa es como una familia porque sus integrantes siempre se acompañan, no solo en lo laboral, también en los momentos personales buenos y en los difíciles. En este rubro, en el que toda la familia se ve involucrada y se da el espacio para participar, porque hay que saber un poco de todo, ser parte es clave.

Stefanía ha estado toda la vida cerca de la cooperativa, en Uruguay y por el mundo. Todavía recuerda la emoción que sintió cuando, estando en Paraguay con un grupo de jóvenes de la Asociación Nacional de Productores de Leche, vio pasar por la calle un pequeño camioncito de Conaprole, y jóvenes colegas brasileños le preguntaron: «¿Esa no es tu cooperativa?». Ver hasta dónde llega el trabajo de los campos uruguayos, de familias como la suya, hasta hoy le genera emoción.
Ahora, con varios años de trayectoria en el cooperativismo, valora ese sentimiento de pertenencia, de saber que siempre tendrá un lugar para hablar, el mismo sentimiento de pertenencia que tiene en CAF, destaca, una organización a la que Conaprole pertenece «por convicción». Cuando se unió a CAF entendió que el campo iba mucho más allá de lo que ella conocía, y así también le sucedió con el cooperativismo, con la visión de cadena como base, fundamental para crecer juntos, porque si a uno le va bien, el éxito se multiplica y beneficia al conjunto.
