A unos 15 kilómetros de Conchillas, en el departamento de Colonia, está ubicado el tambo y la casa de la familia Bárcena Sosa. Con doce años de trayectoria en el rubro lechero, son socios de la cooperativa CONAPROLE, la que les ha brindado “todo el apoyo” para desarrollarse en el rubro. Los invitamos a conocer a José Bárcena, quien desde hace 4 meses integra el Consejo Directivo de Cooperativas Agrarias Federadas.
“Soy hijo de agricultores. A veces mis amigos se ríen porque yo decía que lo último que iba a tener era un tambo y acá estoy…”, cuenta con una sonrisa José. “A impulso de un vecino, con mi familia arrancamos en el rubro en 2008, haciendo lo que hacen al principio casi todos los tamberos: producir queso. Empezamos a remitir a la cooperativa en 2010 con 20 vacas alquiladas; hoy tenemos 124 en ordeñe”, agrega.
Constancia, colaboración familiar y apoyo permanente de CONAPROLE, son aspectos que José menciona como claves en el crecimiento de su emprendimiento productivo. En ese sentido, cuenta con entusiasmo una gran noticia que recibieron este año: “Junto a otras tres familias, postulamos un proyecto al Instituto Nacional de Colonización para gestionar un predio de 235 hectáreas y fuimos seleccionados. Allí haremos recría de vaquillonas y cultivaremos ración para los tambos: es una linda experiencia de trabajo colectiva que estamos iniciando”.
El amor por el campo y el rol de la familia
“Como en la mayoría de los tambos pequeños o medianos, aquí todos los integrantes de la familia colaboramos y cumplimos un rol clave. Mi esposa Natalia, por ejemplo, es la que se dedica a la parte administrativa y tecnológica, mientras que yo me ocupo del trabajo a nivel del predio, con la ayuda de un empleado”, cuenta José.
Tienen dos hijos de 7 y 14 años, que también cumplen su rol en la actividad familiar. “Además de estudiar, el de 14 nos ayuda con algunas tareas, como dar de comer a los terneros o mover la parcela. Vivimos atrás de la vaca y eso nos gusta; cada dos o tres horas tenemos que estar supervisando la actividad”, dice el productor.
José enumera muchos motivos por los que elije vivir y trabajar en el campo. “Me maravilla sembrar y ver a la tierra dar sus frutos: perejil, maíz, papa y tantas cosas más. También están las sensaciones únicas e indescriptibles que el campo te regala, como la tranquilidad de parar en un arroyo o monte nativo. Y no me olvido de la calidez de la propia gente: acá ir a pedirle una herramienta al vecino y quedarse un rato de charla es algo común. Estas son las riquezas que me hacen elegir esta vida”.
El cooperativismo en la vida del productor lechero
“Desde que empezamos a remitir, CONAPROLE nos ha brindado todo el apoyo para que podamos vivir de esto y progresar en el rubro. El rol de esta cooperativa es clave para el pequeño y mediano productor, porque nos brinda apoyo técnico, financiación para acceder a insumos y servicios, acceso a instancias de capacitación y respaldo permanente de los referentes zonales, entre otros beneficios”.
Desde hace 4 meses, José afronta un nuevo desafío: integra el Consejo Directivo de Cooperativas Agrarias Federadas. “Estoy aprendiendo mucho, sobretodo valoro la diversidad de puntos de vista que se manejan en CAF, porque yo conozco la realidad de la lechería, pero en ese ámbito tengo la oportunidad de intercambiar con cooperativas de granos, granjeros y ganaderos, por ejemplo. Es una organización que se nutre de tener representatividad en diversos sectores para incidir en las decisiones políticas, buscando el bien del país”, valora.
El cuidado ambiental: un gran desafío del sector
Hace un mes, un productor socio de CONAPROLE obtuvo el premio Uruguay Circular, que reconoce iniciativas que cuidan el medio ambiente. “Granja Don Pablo”, recibió este reconocimiento por haber instalado un Biodigestor que permite disminuir la contaminación generada en tambos a través del tratamiento de los efluentes, generando biogás, energía eléctrica y biofertilizante.
“El tema medioambiental nos preocupa a todos los integrantes del sector. Somos conscientes de que el ser humano siempre está incidiendo en su entorno, pero tenemos que buscar las formas de que ese impacto sea el mínimo posible. En ese sentido, creo que herramientas como el Biodigestor son caminos muy interesantes. La experiencia de la Granja Don Pablo nos impulsa a seguir explorando alternativas”, concluyó el Consejero de CAF.

