La emoción emerge a flor de piel cuando a Stefanía Silveyra le preguntan qué es para ella el cooperativismo agrario. A sus 24 años, es la tesorera de Cooperativas Agrarias Federadas, tiene más de seis años de trabajo en el sector y es un ejemplo de responsabilidad y aporte permanente para quienes la rodean. En el Día Nacional de la Juventud Rural, compartimos esta entrevista como homenaje y saludo a todos los jóvenes que aman el campo y que trabajan por un país integrado.

“Soy oriunda de Río Negro, mi familia tiene una chacra del Instituto Nacional de Colonización de alrededor de 100 hectáreas. Allí tenemos un tambo familiar de unas 60 o 70 vacas, y somos socios de CONAPROLE desde hace 30 años. El vínculo con el cooperativismo lo heredé de mis padres y está presente desde antes de que naciera”, cuenta.
Por sugerencia de sus padres, cuando cumplió 18 años y se vino a estudiar a Montevideo, se vinculó al grupo de jóvenes de la Asociación Nacional de Productores de Leche (ANPL). “Más allá de que se tratan temas vinculados a la juventud lechera, el grupo también apunta a acompañar a los jóvenes que se vienen a estudiar a la capital y a suavizar un poco ese desarraigo”, explica. A través de una convocatoria de CAF, en 2013 participó en el Encuentro de Jóvenes de CONINAGRO, que se realizó en Misiones, lo que constituyó el mojón inicial de su relación con el cooperativismo agrario.
Valores cooperativistas
“En las cooperativas agrarias compartimos fuertes valores como el sentido de compromiso, responsabilidad y el apoyo mutuo. Eso se ve por ejemplo en el trabajo en el tambo: en general trabaja toda la familia y se requiere una fuerte coordinación de tareas, siempre hay alguien al lado para apoyarte”, dice.
Stefanía también señala otros aspectos que caracterizan a los jóvenes cooperativistas. “Cuando crecés en el seno del sector productivo y cooperativo, te acostumbrás a que todo tiene que generar una mejora”.
La formación como factor de desarrollo
“Lo que nos ha pasado a los jóvenes vinculados a CAF es que nos hemos ido formando y eso ha dado lugar a un empalme generacional, que ha permitido que tomemos lugares de mayor incidencia”.
“Si hay algo que rompe con las desigualdades, que ayuda a la transparencia, a la horizontalidad y a la democracia, es la formación. Por ejemplo, si uno evalúa a la gente por su formación, evita caer en cualquier tipo de discriminación por género o por edad. Si estás formado, se justifica que tengas un lugar”, señala.
La Conciencia Agropecuaria es otro mojón que Stefanía vislumbra como clave para avanzar. “Los productores agropecuarios tenemos que cambiar el mensaje, porque por algo nos dedicamos a esto y estamos orgullosos de hacerlo. A veces nos quejamos mucho, pero seguro es más útil focalizarnos en contar qué nos gusta de nuestro trabajo, porque el agro precisa de nosotros y de otros jóvenes que se sumen”, dice.
La mirada en el futuro
“Llegás a los 18 años y lo que querés es irte del campo. Después llegás a Montevideo y te das cuenta de todo lo bueno que tiene y decís voy a hacer una carrera que le contribuya. Por suerte las opciones no son solo agronomía o veterinaria. Desde todas las profesiones se puede sumar en este camino y ni qué hablar desde las Relaciones Laborales”, enfatiza.
Cuando empezó su carrera, Stefanía comprobó que tenía implícitos valores que son muy cercanos al cooperativismo, como el trabajo decente y la producción responsable. “También vi que muchas las doctrinas en las que se basan las Relaciones Laborales están inspiradas en el trabajo en la fábrica, que dista mucho del trabajo rural. Es inimaginable que en el campo haya que marcar tarjeta antes o después de trabajar, por ejemplo. Así que en el futuro me veo como embajadora, ayudando a limar la distancia que hay entre ambas realidad”, concluye con la mirada en el futuro.
