34 años de COLAVECO

La imagen muestra una página del periódico Helvecia, del 1 de agosto del 2000, con la noticia sobre la inauguración de la ampliación edilicia y tecnológica de la cooperativa COLAVECO. En la fotografía del diario se muestran personas reunidas en el exterior de una casa.
Inauguración de las ampliaciones edilicias y tecnológicas de COLAVECO en el año 2000.

La tierra del suroeste, la tierra de Colonia, tiene una fuerte historia vinculada a la producción lechera y allí, en los años ochenta, en la localidad de Colonia Valdense, varios pioneros innovaron con un proyecto que buscó potenciar el desarrollo de los productores, con una idea clara: crear un laboratorio que diera apoyo a la producción.

Por aquel entonces no había demasiados laboratorios de ese estilo. La Escuela de Lechería de la zona contaba con un gran equipamiento para hacer análisis, básicamente para estudiar la producción de leche, y en Canelones el referente era el Laboratorio de Biología Animal, creado por el doctor Miguel C. Rubino (años después pasaría a llamarse Dirección de Laboratorios Veterinarios); para realizar análisis, los productores debían mandar muestras a aquel lugar.

Carlos Grela era docente en la Escuela de Lechería de Nueva Helvecia y en 1986 recibió en la institución a Bruno Malán, veterinario que se desarrollaba como técnico extensionista en la Cooperativa Ruralista Agraria de Colonia y quería compartir con él una idea innovadora: crear una solución para los productores con un laboratorio que les permitiera desarrollar la producción de mejor forma. La idea era comenzar a realizar otros análisis que en ese tiempo no se hacían en la zona, que le permitiera a la producción dar un salto.

Por su trabajo, Malán conocía claramente el espíritu cooperativista, y junto a Grela se reunieron con otros pioneros, como Hugo Betancour y Guillermo Piferrer, que se desarrollaban en la Cooperativa de Miguelete y en Conaprole respectivamente. Fue así que, en equipo, comenzó a gestarse un proyecto que tenía en la mira un futuro de prosperidad para la producción de la zona, basado en valores cooperativos y con el foco puesto en los protagonistas del campo, los productores.

Con una producción lechera promedio de 12 litros por animal y dedicada al consumo interno, la industria vio en el sector la posibilidad de un desarrollo, y también de mirar más allá de sus propias fronteras, pero para eso se necesitaba tecnología, esa era la idea que se compartía por aquel entonces.

Referentes del sistema cooperativo y pilares de otras cooperativas, aquellos hombres se reunieron para darle forma a lo que se llamó Colaveco Laboratorio Agroindustrial. Y de a poco fueron involucrando a los productores de la zona. Grela lo recuerda todavía, aquel proyecto lo entusiasmaba mucho, sus colegas le parecían visionarios. «Ayudé a promover esta iniciativa porque veía que realmente había posibilidades de apoyar la producción», comentó.

Lo que nació como una inquietud y una necesidad de un grupo de veterinarios se transformó en un sueño, rememoró su colega Betancour. «Ese sueño fue tomado por cooperativas de productores de la zona y se conformó un grupo de trabajo muy comprometido, que mancomunó esfuerzos y logró volver realidad el proyecto», dijo.

Para la mejora de los tambos había que innovar, estaba claro. Desde La Estanzuela (hoy Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria) se fomentaba la mejora de las pasturas y el uso de suplementación en las dietas de los ganados; la década del 80 estuvo marcada por la incorporación de tecnología en varios sectores del agro y el surgimiento de Colaveco se enmarcó en ese auge de tecnificación, que tiempo después llevó a Uruguay a expandir los horizontes de su producción.

Con el apoyo de una organización inglesa administrada por la embajada británica, Colaveco recibió a una veterinaria neerlandesa, Meth Bouman, quien se radicó en Colonia y fue referente para el trabajo de la cooperativa. En un local de 70 metros cuadrados, la cooperativa echó a andar. La colaboración, uno de los valores del cooperativismo, fue un gran pilar para Colaveco. Gracias al apoyo de la Intendencia de Colonia y de actores privados, se encontró un lugar en el que poner en marcha el laboratorio y, con una gerencia y una directiva bien armadas, el proyecto despegó. Hoy, varias décadas después, el laboratorio procesa más de 700.000 pruebas al año y cuenta con varios servicios.
El apoyo y el trabajo en conjunto se han destacado con el paso de los años. Colaveco es una de las socias de las Cooperativas Agrarias Federadas (CAF), un escenario en el que los productores han podido crear vínculos, formaciones y alianzas que potencian su trabajo.

Si bien los años han pasado, las bases de Colaveco se han mantenido intactas sobre aquella idea de Bruno Malán de crear un laboratorio de apoyo a la producción. «Colaveco ha cumplido con creces las expectativas que se tenían en un principio. Hoy tiene una amplitud de servicios, apoya la producción primaria y a la industria y tiene un fuerte componente social, porque es una fuente laboral importante», destacó Grela, quien asegura que la idea original se consolidó.

Como parte de aquel grupo de innovadores, Grela rescata que hoy la cooperativa tiene un gran capital material, pero también otro, mucho más valioso, que es intangible: el capital humano, el de la actitud, el de las competencias y las habilidades, el de la gestión, la innovación, la reputación y la confianza, que han llevado a esta cooperativa a ser referente en su rubro.

Relato N°28 del libro "40 años de CAF en 40 relatos breves. Entretejiendo historias del cooperativismo agrario en Uruguay" (2024), p. 36.

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