Desde CAF conmemoramos el Día Internacional de la Mujer Rural compartiendo los testimonios de tres mujeres rurales de distintas generaciones y provenientes de distintos puntos del país, pero con denominadores en común: el amor por el campo y la apuesta por el cooperativismo. Con Ustedes: Laura Serena (vicepresidente de El Fogón), Avril Malán (joven integrante de CRADECO) y Stefanía Silveyra (vicepresidente de CAF).

Hace 15 años, las Naciones Unidas estableció que cada 15 de octubre se conmemore el Día Internacional de la Mujer Rural, como forma de “reconocer su función y contribución decisiva en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural».
Las mujeres rurales representan una cuarta parte de la población mundial y trabajan como agricultoras, asalariadas y empresarias. En Uruguay, juegan también un rol clave en las cooperativas agrarias, donde ejercen distintos roles. Hoy tres de ellas toman la palabra:
Stefanía Silveyra: “Las políticas públicas tienen que tener en cuenta las particularidades de la mujer rural”
A sus 29 años, Stefanía Silveyra es productora lechera integrante de CONAPROLE y cuenta con un extenso vínculo con el cooperativismo agrario que viene de sus padres y que la ha llevado a ser actualmente la vicepresidenta de CAF.
“Los desafíos de la Mujer Rural tienen que ver en general con las mismas cuestiones que atañen a las mujeres que viven en el ámbito urbano, pero con las complejidades particulares de nuestro medio. Hay que tener en cuenta que en Uruguay no hay una sola ruralidad, sino que la realidad y las costumbres varían en diferentes partes del territorio nacional”, dice.
Para ejemplificarlo, pone el siguiente caso: “Si una mujer rural falta a un control médico porque un arroyo creció y no le dio paso, tiene que ser posible que consiga una nueva cita a la brevedad y no tres meses después, como pasa hoy si te atendés en una policlínica. Las políticas públicas tienen que tomar en cuenta este tipo de situaciones y dar respuestas a las mismas”.
Si bien resalta que en su casa la organización del trabajo es muy cooperativa y todos trabajan por igual, también menciona algunas situaciones cotidianas a las que han tenido que encontrarle soluciones. “Por ejemplo, muchas veces nos pasó que el Ingeniero que viene a hacer la planificación de la producción, llegaba sobre el mediodía, justo cuando las mujeres solíamos estar en la cocina. Eso llevaba a que la reunión se hiciera en el living y a que nosotras quedáramos por fuera de la discusión, por más que fuéramos las que estábamos día a día al frente de muchas de las actividades que se estaban planificando. Lo hablamos y le encontramos una solución”, ejemplifica.

Avril Malán: El amor por el campo y la admiración por la abuela Lucy
A sus 16 años, Avril vive con sus abuelos en Colonia Valdense, donde cursa 5° año de liceo, opción científica. “Estoy viviendo acá para poder ir al liceo, pero desde que nací hasta los 8 años viví en el campo en Colonia Española y viajé por muchos años para venir a estudiar. Al día de hoy sigo teniendo mucho vínculo con el campo porque mis padres viven ahí y gran parte de mi familia también”, dice.
Su familia se dedica a la producción de leche y está fuertemente ligada a la Cooperativa Ruralista Agraria del Departamento de Colonia (CRADECO), vínculo que se remonta a su abuelo. “Él es socio y fue participante de la cooperativa durante un montón de años, al igual que mi papá, que fue secretario y actualmente es Directivo de CAF a través de la cooperativa”.
Avril visualiza con claridad lo que más disfruta de la vida de campo. “Cuando voy, siento que me desconecto de todo, me da una gran sensación de tranquilidad, me permite estar en contacto con la naturaleza, sentir aromas distintos, estar en contacto con la diversidad de animales”. Si bien considera que hombres y mujeres tienen iguales oportunidades de trabajar y vivir en el campo, percibe algunos desafíos comunes: “la conectividad no es la mejor y las distancias en el campo son mayores, lo cual puede ser un desafío en algo tan sencillo como ir al liceo”.
Una vez que termine el bachillerato, Avril tiene pensado estudiar Administración de Empresas en Montevideo, para volver a Colonia. “A futuro, me gustaría ser gerente de una empresa del sector agropecuario y de la zona”, proyecta.
Mientras sueña con el futuro, sabe que su amor por el campo tiene fuertes raíces de inspiración. “Mi abuela Lucy es la mujer rural que más admiro. Siempre vivió y trabajó en el campo, hasta ahora que tiene 70 años y sigue ordeñando, cambiando los terneros de lugar, dándoles la ración, cuidando su jardín. Siempre está trabajando y mirando hacia adelante, con la mayor voluntad, porque el campo le gusta mucho y tiene un significado muy especial para ella”.

Laura Serena: “Como pequeña productora, trabajar en la cooperativa me amplía posibilidades. Nos permite unirnos para ayudarnos y crecer juntos”
Si bien su trayectoria como productora rural inició hace 25 años, cuando heredó y junto a su esposo comenzó a trabajar un predio ubicado en Colonia Gallinal (Florida), Laura sostiene que recién este año, junto con la jubilación, le llegó el momento de dedicarse “de lleno” a las tareas rurales.
“Soy de Sarandí del Yí, tengo 59 años, soy profesora de Literatura y trabajé con adolescentes de secundaria y UTU durante 36 años”, se presenta. Laura es también socia de la cooperativa El Fogón desde hace 15 años, donde ha desempeñado diversos roles y actualmente integra la Directiva y la CEFIC (Comité de Educación Fomento e Integración Cooperativa).
“Hasta el año pasado, congeniaba las dos actividades: me dedicaba a la docencia en la ciudad y los fines de semana nos íbamos a atender el establecimiento, donde en familia producimos vacunos y lanares”. El interés por la producción de cordero pesado –emblema de la zona- fue el que los llevó hace 15 años a vincularse con la cooperativa, para tratar de aprender.
“Ahí empezamos a conocer cómo es trabajar cooperativamente y nos gustó, porque nos sentimos acompañados y apoyados, a la vez que nos dio la oportunidad de aprender con otros productores. A los pequeños productores, la cooperativa nos ofrece muchas herramientas, como la posibilidad de comercializar nuestra producción y recibir apoyo técnico para mejorar los resultados de nuestro trabajo. Esto es clave: los productores necesitamos compartir experiencias e innovar porque trabajamos en algo fundamental para el mundo como lo es la producción de alimentos”, enfatiza.
Laura percibe cambios positivos con respecto a la situación de la mujer rural. “Hasta hace poco se la veía acompañando, pero últimamente ha tomado mayor protagonismo. Veo muchas mujeres dirigiendo emprendimientos rurales y veo muchas que destacan en distintos ámbitos, incluso en las cooperativas agrarias. Esto nos permite trabajar de otra manera; las mujeres han dignificado la tarea rural”, subraya.

