El 15 de octubre es Día Internacional de la Mujer Rural y desde CAF lo celebramos compartiendo testimonios de mujeres rurales y cooperativistas. En esta oportunidad les invitamos a conocer a Yazmín Techera: tiene 18 años, vive en paraje Corte de la Leña (Maldonado), integra la cooperativa CALIMA y sueña con hacer su propio camino al frente del tambo de la familia.
“Yo voy de cabeza para el campo. Es lo que más me gusta; el contacto con la naturaleza, la tranquilidad, el trabajar con animales. No hay nada más lindo que andar a caballo por las sierras y disfrutar de las vistas”, dice la joven productora cuando le preguntan cómo se imagina a futuro.
A continuación, compartimos un extracto de la conversación que tuvo con CAF:

¿Cómo está compuesta tu familia? ¿A qué se dedican?
Soy la menor de siete hermanos. Vivo con dos de ellos y con mis padres a unos 20 kilómetros de la ciudad de San Carlos, donde tenemos tambo y nos dedicamos a la producción lechera y ganadera.
Además, desde este año estoy incluida en una sociedad con dos de mis hermanos: entre los tres compramos un tractor para hacer trabajos de movimientos de tierra, sembrados y limpieza de terrenos, entre otros.
¿Cómo es el día a día del trabajo familiar? ¿Cómo se dividen las tareas?
Los días son muy variados y arrancan alrededor de las 6 de la mañana. De mañana mis hermanos se ocupan de ordeñar y darle de comer a los terneros, y después largan las vacas al campo donde pasan todo el día. De tarde con mi madre repetimos las mismas tareas: ordeñamos y alimentamos a los terneros. Mientras, mi padre se ocupa de otros temas de cuidado del campo. A eso de las 20 horas, estamos todos regresando a la casa.
Además siempre surgen cosas distintas: en época de cosechas soy tractorista, ayudo cuando hay que enfardar y hago limpieza del campo cuando hace falta, por ejemplo.
¿Cómo has ido aprendiendo todas estas tareas?
De acompañar a mi familia en el día a día. A los 5 años ya me gustaba mucho estar entre los terneros, me pasaba con ellos. Por eso, cuando empecé a ayudar en el tambo de mis padres, la primera tarea que me dieron fue darles de comer y criarlos.
Por otro lado, de ver a mis hermanos arriba de los tractores y subirme con ellos, aprendí a usar la maquinaria agrícola. Me empezó a gustar y ya desde chica los ayudaba a chirquear por ejemplo.
A futuro te gustaría permanecer en el campo y seguir produciendo. ¿Cuáles considerás que son los principales desafíos que enfrentan los jóvenes para seguir ese camino?
Creo que lo más complicado para un joven rural es cuando no tiene un predio donde trabajar, ahí no le queda otra que irse a la ciudad. Yo he tenido la suerte de que mis padres tienen el campo de mis abuelos que es nuestra base para producir, pero la mayoría de los jóvenes no tienen esa oportunidad.
¿Qué importancia tienen las cooperativas para los productores y los jóvenes en especial?
Las cooperativas agrarias son un apoyo importante porque te dan facilidades para empezar un proyecto productivo, a la vez que te permiten acceder a cursos gratuitos, te permiten vincularte con otros jóvenes y te aseguran la venta de la producción, lo cual es una tranquilidad.
Por ejemplo, hace dos años, CALIMA me dio un crédito que me permitió hacer mi primera inversión: compré 17 terneras holando para empezar a producir. Hoy sigo con ellas y tengo una tropita de terneras muy lindas, que son mi orgullo.
Mencionaste que la cooperativa es también un espacio de encuentro para los jóvenes rurales. ¿Qué importancia tiene esto?
Es muy importante, porque otro desafío que tenemos los jóvenes que vivimos en el campo, es la distancia que nos separa a unos de los otros. En un pueblo hay muchos más gurises, pero nosotros vivimos a kilómetros de distancia y eso complica la agrupación.
La cooperativa juega un rol central como nexo. En el grupo de jóvenes de CALIMA, yo encontré apoyo, conocimiento y compañerismo. En el último año hemos tenido pocos encuentros presenciales por la pandemia, pero ya tenemos alguna actividad proyectada para las próximas semanas.
Esta nota se publicará en el Día de la Mujer Rural: ¿Hay alguna mujer rural que te haya servido de inspiración y que quieras resaltar y homenajear en este día?
A mi madre. A veces pienso en el esfuerzo que le debe haber dado criar a siete gurises chicos, sin dejar de trabajar en el tambo… Es para asombrarse.
De ella aprendí la paciencia para atender a los animales, el no andar apurada y el disfrutar de la tarea… Me gusta terminar de darle de comer a los terneros y quedarme un largo rato conversando con ella, mientras los animales vienen nos huelen, nos cabecean para jugar.
¿Cuáles son tus sueños a futuro, en cuanto al estudio y el trabajo?
En el estudio tengo ganas de continuar el liceo, trataré de hacerlo en horario nocturno en San Carlos. También siempre me va a interesar hacer cursos para seguir mejorando.
En el tema laboral, estamos en proceso de traspasar el tambo de mi padre a mis hermanos y a mí. La idea es que nosotros continuemos al frente, pero aún nos queda mucho camino por recorrer.
